Hace tiempo que la admiración absoluta que el que escribe profesa por la joya de Nicolas Winding Refn es un secreto a voces, uno que ha generado ya dos piezas en esta santa casa: acerca de la obra (http://beat4people.com/drive-venganza-sobre-ruedas/) y de una de sus más memorables escenas (http://beat4people.com/escenas-inmortales-pasion-y-furia-en-el-ascensor/). Y, tras ese tránsito de lo general a lo particular, hoy toca volver, para completar la trilogía tratando otro aspecto de importancia capital en su perfecta amalgama técnico/narrativa: una prodigiosa banda sonora.

Los 80 están bien presentes en el uso de sintetizadores tan común hace 3 décadas, empezando por el tema que viste los créditos de apertura. Entre caracteres teñidos de un morado de otra época y majestuosos planos de la noche en la ciudad de Los Ángeles, truena ese himno electropop que es el Nightcall de Kavinsky, cuya letra es fiel reflejo del carácter oscuro y misterioso del conductor protagonista de la historia. Un inicio que nos susurra al oído la brutalidad inmisericorde que nos aguarda, agazapada en fases más avanzadas de la película…

A partir de ahí, la banda sonora nos ofrecerá maravillas como el Under Your Spell de Desire (banda de música electrónica formada a caballo entre Portland y Montreal), plasmación de la especialísima historia de amor entre el Irene y el conductor, o A Real Hero. Fruto de la colaboración entre el dúo canadiense Electric Youth y la producción de College, el otro gran himno del film nos muestra el lado más humano del personaje encarnado por Ryan Gosling, una vertiente tierna y heróica que abriga a una de las escenas más bellas y sosegadas del montaje, cuando la calma aún nos impide atisbar la furibunda llegada de una tempestad que ya se dibuja poco a poco en el horizonte.

Con el aumento de ritmo y ferocidad, el testigo quedará en manos de la música de Cliff Martínez, batería integrante de los Red Hot Chili Peppers en la fase inicial del grupo californiano. Tras poner su firma en Traffic o Sex, Lies and Videotape, Martinez no abandonará jamás el tono electrónico dominante, para conducirnos con elegancia y solvencia por los altibajos anímicos y volantazos de flujo de una joya que nadie debe perderse.

Por si no había quedado claro tras dedicarle una trinidad de piezas, Drive merece disfrutarse y revisitarse tantas veces como sean posibles. Y su banda sonora opositará a inquilina perpetua en vuestros reproductores, inmune al desalojo por aburrimiento.

@Juanlu_num7

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