En los años 40 el relato policial cruza el charco y cae en manos del gran escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) quien definió estas historias como un misterio “descubierto por obra de la inteligencia, por una operación intelectual”. De esta manera el escritor argentino asimiló la esencia más primigenia del género y, cual filósofo en busca de la verdad, convirtió el misterio y el enigma en el eje fundamental que vertebra gran parte de su obra.

Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges

Los cuentos La muerte y la brújula (1942) y El jardín de los senderos que se bifurcan (1944) son dos muestras muy claras y muy recomendables de cómo Borges transforma las historias de detectives en auténticas reflexiones metafísicas repletas de simbología, cultismos, referencias históricas, religiosas e incluso literarias.

Estos relatos nos adentran en misterios que desencadenan más misterios, en curiosos personajes con destinos fatales, en razonamientos asombrosos y magistrales; desde la Vindicación de la cábala o la monografía sobre el Tetragramón hasta la historia de la Guerra Europea o la novela de infinitos finales de Ts’ui Pên, todas ellas van conformando un gran laberinto donde se superponen diferentes planos que narran enigmas concebidos unos dentro de otros, a modo de muñeca rusa infinita.

Los misterios de Borges, disfrazados de sorprendentes asesinatos, representan una clara analogía con las teorías filosóficas, donde la búsqueda del sentido de la vida, la verdad, las posibles realidades paralelas, los sueños, otras dimensiones, todo lo que quizá puede ser, o no es, o fue, se concentran en un universo donde las conjeturas e hipótesis se van desgranando a medida que la investigación avanza: “Yo sé de un laberinto griego que es una línea única, recta. En esa línea se han perdido tantos filósofos que bien puede perderse un mero detective” asegura uno de los protagonistas de los relatos.

Hasta Dan Brown, autor de los bestseller de misterio más conocidos de los últimos años reconoce la admiración por el escritor, y en una entrevista publicada en un periódico argentino aseguró la fascinación por El jardín de senderos que se bifurcan y otros relatos borgianos que, sin duda, influyeron en la pasión que Brown parece sentir por los símbolos y los mundos misteriosos y enigmáticos.

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