Alguien que se adelanta a su tiempo: así define la R.A.E a los visionarios, y en ese gremio tan especial ubicaría este humilde servidor a Ridley Scott. Al menos al inspirado y genial Scott de hace varias décadas…

Meses atrás hablábamos en esta casa de Blade Runner y de su valor metafórico y estético (http://beat4people.com/blade-runner-el-simbolismo/), y hoy volvemos a viajar en el tiempo, para ensalzar en su justa medida otra maravilla del realizador británico. En septiembre de 1979 se estrenaba en Londres una asombrosa e inesperada revolución en el marco del cine de terror más clásico, y la intensidad y pureza de dicho asombro se mantienen inalteradas casi cuatro décadas más tarde.

Alien: el octavo pasajero es uno de los ejemplos más perfectos del más viejo axioma del buen cine del género: sugerir es mucho más que mostrar. Una monster movie en la que la amenaza no aparece en pantalla durante más de un minuto de los 116 totales. No hay inquietud ni desasosiego más poderosos que los generados por lo que no se ve, lo que acecha desde la oscuridad con paciencia y letalidad depredadoras. Y tanto el radar posicional (brillante recurso) como las secciones claustrofóbicas y el desamparo del que sabe que no hay escapatoria posible (con la Nostromo asumiendo el rol de casa encantada) potencian exponencialmente el ambiente opresivo e irrespirable que se busca. A todo ello llegaremos siguiendo las miguitas de pan que Scott nos va dejando por el camino, en un control perfectamente medido del tempo del film.

El acto de apertura nos introduce a una serie de personajes monótonos en apariencia, trabajadores aburridos y alejados del concepto de héroe que hablan de sus labores en las zonas comunes de una Nostromo de blancura pulcra y elegante. 45 minutos en los que no sucede gran cosa, pero que son un artificio magnífico para atenuar los biorritmos del espectador de primer visionado. Porque, en pleno valle de relajación, sucederá uno de los volantazos de flujo más espectaculares, virulentos e icónicos de la historia del cine: el brutal nacimiento del xenomorfo y su previa serán a la vez alumbramiento de la verdadera película, tras el telón del engaño inicial.

Cuando el torrente sanguíneo que emana del pobre Kane mancilla el blanco predominante tanto en la mesa de desayuno de la nave como en las vestimentas de sus tripulantes, entendemos que ya no hay marcha atrás, que el advenimiento de la criatura hará virar la trama de forma radical. Comienza una historia nueva en la que Ripley y la amenazadora y manipuladora quietud de la Nostromo tomarán las riendas, con el misterioso hieratismo de Ash y la brutalidad pura y animal del Alien como terroríficos contrapuntos.

Un maravilloso giro narrativo, que merece ser alabado.

“I admire its purity”

La sensacional labor del suizo H.R. Giger en el icónico diseño del xenomorfo (inspirado en los cuadros de Francis Bacon, que a su vez bebían directamente del mito griego de las furias) y la reinvención de la heroína femenina en el género de terror, con una Ripley que abandonaba el arquetipo de scream queen con el alarido como único recurso para erigirse en líder poderosa y carismática, contribuyen a construir la naturaleza inmortal de la película, esa que la convierte en una obra maestra muy superior a la gran mayoría de las estrenadas a posteriori.

Presenciar las reacciones de un espectador durante su primera experiencia con Alien es un ejemplo único (más a estas alturas) de la fuerza del mejor cine, además de una labor de caridad con el/la afortunad@. Porque, a diferencia de la famosa cita que coloreó el estreno de la cinta, habrá alguien que podrá escuchar sus gritos…

@Juanlu_num7

 

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