La epopeya del Gandul, un catamarán hecho a mano y capitaneado firmemente por el experimentado navegante argentino Gustavo Díaz y su compañera la española Begoña Filloy a lo largo de innumerables travesías, nos lleva a recordar otras epopeyas fantásticas de autores como Julio Verne (La Vuelta al Mundo en 80 días, Dos años de vacaciones), los piratas de Emilio Salgari, Joseph Conrad, Alberto Vázquez-Figeroa o Arturo Pérez Reverte, sin olvidar las odiseas reales protagonizadas por Vasco de Gama, Enrique el Navegante o Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano (marino que da nombre al mundialmente admirado buque escuela de la Armada española).

Lejos de ser un documental de viajes, La última aventura del Gandul es referencia para todo marino y aventurero porque describe no solo la vida a bordo de un velero. Va más allá. Te enseña a admirar pero también respetar la mar, esa inmensidad salada, azul, que será durante días y días la única compañía en estas travesías. Nos enseña a convivir y a la vez es un llamamiento, un aldabonazo, para que apreciemos y cuidemos el entorno paradisíaco y único que son los mares y las criaturas que en ellos habitan.

Técnicamente bien rodado, con todas las complicaciones que supone rodar en tan reducido espacio, entremezcla acertadamente las vivencias del grupo de amigos que embarcan en el Gandul en noviembre de 2014 con las experiencias de otros aventureros y deportistas olímpicos como la regatista Esperanza Pérez.

El próximo 4 de julio, Movistar+ estrena La última aventura del Gandul. Un merecido y emotivo homenaje a un barco que, como tantos otros grandes pecios, descansa en las profundidades del Atlántico tras un dramático e impactante rescate cerca de las Azores.Lejos de amilanarse, su tripulación está decidida a seguir la aventura. A no quedarse en tierra mucho tiempo más. Como si de anfibios se tratase, los marinos siempre acaban volviendo a la mar. Mientras, el Gandul prosigue su odisea, haciendo que su memoria perdure, tanto en Movistar+ como en diversos festivales. Sería muy recomendable ampliar su difusión a colegios y universidades por el mensaje tan global de concienciación, respeto y superación que contiene sus ochenta minutos de metraje.

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