Hace unos días me vi obligada a interrumpir mi trabajo con un conocido periódico americano. Para la finalidad de esta carta lo llamaremos El Mejor Periódico del Mundo. La faena, de 5-6 horas a la semana, consistía en traducir sumarios de noticias. Tras llevar casi 3 años con ellos, solicité que me pagaran el salario medio de la industria. Ni siquiera pedí igualar mi sueldo al de los trabajadores de la empresa que, de acuerdo con Glassdoor, es mucho más elevado. Así mismo, pregunté si cabía la posibilidad de que me dieran 15 euros más porque el banco se comía esa cifra cada mes debido a las tasas de transferencia y, teniendo en cuenta lo que recibía, no era poco. Su respuesta fue proponer una subida de 50 euros. También sugirieron pagarme trimestralmente para que las comisiones del banco me dolieran menos y puntualizaron que solo me contrataron porque era “considerablemente barata“. Tras decirles que no podía aceptar sus condiciones, quisieron saber si no me gustaba contar con un sueldo estable.

Últimamente he reflexionado sobre el funcionamiento del mercado laboral, llegando a algunas conclusiones. Una opinión más, que no deja de ser subjetiva. La mayoría de mis amigos y yo hemos hecho lo que se nos pidió y esperaba de nosotros: estudiar. Casi todos tenemos no una sino varias licenciaturas, y hemos terminado varios másteres (todos cuestan mucho dinero y nosotros sí que tuvimos que esforzarnos para aprobarlos). Saqué buenas notas. También trabajé mientras estudiaba. Hablo dos idiomas, pero hay quien habla más. He trabajado gratuitamente para poder meter la cabeza en la industria y por muy poco dinero para poder continuar en ella. ¿Qué es lo que pasa? No existe tal cosa como la meritocracia, por la que si trabajas duro se te reconocen tus habilidades. No nací rica, ni tengo contactos o mentores. Y recientemente he comenzado a asumir que el progreso depende de a quién conoces o de que alguien decida por casualidad echarte una mano.




¿Cuáles son mis opciones? Continuar aceptando todo o empezar a decir que no. Lo malo, que imagino que será bueno para El Mejor Periódico del Mundo, es que conseguirán a alguien que lo haga gratis a modo de prácticas. No es culpa de esa persona, no le acuso de nada. La gente está desesperada y tenemos miedo de decir que no. Es exactamente lo mismo que cuando yo acepté cobrar tan poco por trabajar con este medio a pesar de que mis amigos americanos me advirtieron de que se trataba de una cantidad “considerablemente” escasa. No le hice un favor a mis compañeros de profesión y tampoco se lo hice a tus hijos: tendrán que lidiar con un mercado laboral que paga unos salarios ridículamente bajos si no empezamos a defendernos. Debemos ser responsables.

Esto sí que es culpa mía porque no lo pedí, pero esperaba que de manera natural, tras trabajar para ellos durante un tiempo, pasarían mi CV a la edición española de El Mejor Periódico del Mundo, para que me tuvieran en cuenta en caso de que buscaran traductores. Pero pensar en progresar es sencillamente ciencia ficción. Visto lo visto, me conformo con llegar a un salario mínimo.

¿Qué pasa conmigo ahora? Voy a empezar a estudiar oposiciones a funcionariado. También me encontraré ante situaciones de nepotismo. Pero el panorama pinta menos gris. Si estudio, sacaré una buena nota y probablemente acabe consiguiendo un puesto fijo; si no estudio, lograré unos resultados peores. Si no se dan estas variables, estamos hablando de un sistema roto.

Respondiendo a la pregunta que me hizo El Mejor Periódico del Mundo, sí, efectivamente me encantaría contar con un salario estable, pero mi generación merece algo mejor. Mis colegas de profesión –periodistas, editores, traductores y un puñado de jóvenes que queríamos informar y comunicar– merecemos algo mejor. No quiero ser rica, estudié Periodismo y trabajo como traductora, sabía a lo que venía. Quiero un salario que me permita pagar mi jubilación (si la hay), desempleo, alquilar un espacio pequeño, vivir y, quizás, tomarme una cerveza con mis amigos muy de vez en cuando. En otras palabras, no quiero seguir creyéndome que puedo vivir de mi trabajo, cuando no es así, al mismo tiempo que prolongo una situación insostenible que solo beneficia a los altos ejecutivos de los medios.

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