Esta nueva “dramedia”, o tragicomedia, francesa, certeramente dirigida por Carine Tardieu (co guionista junto a Raphäele Moussafir y Michel Leclerc) sin grandes pretensiones explora las relaciones familiares a partir de una cotidiana revisión a Juliette Gourmelon, (Alice de Lencquesaing), una madre esperando a su primer hijo. Va acompañada por Erwan (François Damiens) su padre, quien ha cuidado solo de ella desde que tenía nueve años, cuando falleció su esposa.

En ese momento inicial del film, sus vidas cambiarán. El médico les revela una noticia aparente mente positiva, pero que les envuelve en un mar de dudas. En una búsqueda de su verdadero entorno, cuando un análisis revela que no se transmitido una enfermedad congénita de padre a hija… porque no hay tal enfermedad. Erwan no es hijo del solitario lobo marino, entrañable a su manera, Bastien Gourmelon (Guy Marchand).

Por si fuera poco tener como hija a una madre soltera, ahora debe lidiar entre relacionarse con su verdadero padre, el simpático anciano Joseph Levkine (André Wilms) a quien quizá encuentra demasiado rápido, o seguir aceptando a Bastien, al que a pesar de todo no puede dejar de tener aprecio.




La guinda, que abría muchas posibilidades que no llegan a reflejarse en la cinta (sin que por ello desmerezca su visionado), la pone el aparentemente fortuito encuentro, como tantos otros en nuestras vidas, de Erwan con la doctora Anna (Cécile de France). Un encuentro que les llevará por el a veces tortuoso e incierto sendero de las relaciones, a la espera de que el destino, o mejor dicho, el pasado, les una de una forma u otra.

No llega al nivel de Intocable, pero sin duda esta película, que A Contracorriente Films estrena este viernes 6 de julio, es recomendable a los que les guste este tipo de cine sobre la vida y sin excesivas dosis de acción o grandilocuentes efectos visuales.

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