Una situación como un divorcio, que ya es tan normal y corriente en occidente, trasladada a Japón puede llegar a causar, como demuestra este filme, un importante caos.

Los protagonistas de la “maravillosa” familia Hirata son los mismos de Una familia de Tokio, ganadora de la Espiga de Oro en el festival de Valladolid 2013, que vuelve a ponerse bajo las órdenes de Yôji Yamada.

Todo arranca el día en que la esposa del patriarca cumple años. Cansada de aguantar al poco cuidadoso de su marido, le pide como regalo, aprovechando que una vez más se ha vuelto a olvidar, el divorcio. Que firme, selle y pague los cuatrocientos cincuenta yenes que cuesta en Japón llevar el formulario de divorcio al registro.

El drama y el desmadre llegan cuando se van enterando el resto de la familia. Cada uno se lo tomará de una manera distinta, pero sin aceptarlo. No quieren, ya que es algo que se sale de su código de honor. Que se rompa una familia supone un drama difícil de digerir, como un fracaso escolar o laboral. Sin embargo, paradójicamente, el divorcio es la solución a la ruptura total de la familia.

Esta entretenida y ágil comedia, porque a pesar del tema no deja de ser una comedia, nos presentará, en una situación extrema, hasta qué punto valora la sociedad japonesa el esfuerzo, el orden y la sobriedad.

A las puertas del verano, este nuevo estreno de A Contracorriente Films, bien dirigido, con actuaciones sobrias, convincentes y sin innecesarias pausas que cortan el ritmo, es muy recomendable.

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