Todos tenemos que decidir, en un momento dado, el camino que marcará nuestras vidas. Sobre todo, cuando ocurre una tragedia, un incidente relevante o la mente nos juega malas pasadas, aunque quizá en este caso sean otros, nuestros seres queridos, los que decidan lo mejor para nosotros.

Si bien es cierto que todo tiene arreglo, quizá llegue un punto en que sea demasiado tarde. Por eso, por muy buenas que sean las intenciones que nos lleven a actuar, siempre hay que pensar muy bien qué hacer antes de tomar una decisión “en caliente”. Por nuestro bien, el de nuestras familias, amigos e incluso con los vecinos, con quienes conviene llevarse bien por si acaso.

Nanni Moretti, director y coguionista de Tres pisos junto a Federica Pontremoli, despliega ante nuestros ojos un drama con la sensibilidad y el virtuosismo que pocos guionistas y directores como él saben crear, dirigiendo el reparto (entre los que se incluye él mismo con un rol relevante, el de padre de familia y juez) con acertada naturalidad, sin llegar a la lágrima fácil, artificios innecesarios de cámara o impresionantes efectos visuales.

Eso sí, logra sacarnos una sonrisa y una profunda reflexión sobre la forma en que nos relacionamos y cómo educamos a las generaciones venideras. El ejemplo que les damos a la hora de hacer frente a las crisis que nos saldrán casi continuamente, si bien para la inmensa mayoría del público no tan extremas como esta película.

Entremezclando las tres historias para componer el puzle narrativo de este particular bloque de vecinos, Moretti logra mantener nuestra atención a lo largo de todo el metraje para que no perdamos detalle de la intensa sucesión de acontecimientos que se van sucediendo, como el fluir de la vida, a lo largo de diez años.

Acontecimientos que, a la vez que marcan las decisiones de los protagonistas, van describiendo sus personalidades, miedos, deseos y frustraciones, haciendo de cada personaje uno de esos papeles que todo actor quiere representar para lucirse en su carrera.

Si en la novela en la que está basada Tres pisos, de Eshkol Nevo, Tres pisos arriba, las tres historias terminan en el punto álgido de la crisis, Moretti y Pontremoli decidieron que era <<importante llevar las narraciones hasta sus conclusiones, para explorar las repercusiones que las acciones de los personajes tienen en sus propias vidas y en las de sus seres queridos>>.

En el momento en el que vivimos, creo que conviene ver esta película. Como ya he dicho en más de una ocasión, (me gusta recalcar el valor educativo del séptimo arte, tanto a nivel artístico, histórico o científico -véanse documentales o biografías como Marie Curie-) debería proyectarse y debatirse en cinefórums, colegios, institutos y facultades. En este sentido, son relevantes las palabras de Nanni Moretti sobre el filme

<<En una época en la que se debate tanto sobre el legado medioambiental que dejaremos a nuestros hijos, se habla poco de lo que les dejaremos en términos de herencia ética y moral. Cada gesto que hacemos, incluso en la intimidad de nuestro hogar, tiene consecuencias que afectarán a las generaciones futuras. Cada uno de nosotros debe ser consciente de este hecho y asumir su responsabilidad: Son nuestras acciones las que legamos a nuestros hijos. Esta historia describe cómo tendemos a llevar una vida aislada, alejándonos de una comunidad de la que ya no somos conscientes o que consideramos desechable. Sin embargo, las historias muestran hasta qué punto estamos implicados en un esfuerzo colectivo por sentirnos parte de una comunidad. La película es una invitación a abrirse al mundo exterior que llena las calles más allá de nuestros muros domésticos. Ahora depende de nosotros no encerrarnos en uno de estos tres pisos>>.

En estas fechas navideñas, el mejor antídoto para combatir el frío, tanto el literal como el metafórico, (el que se produce cuando nos aislamos en nuestros móviles en busca de la novedad o el divertimento más inmediato), es acudir a una sala de cine en buena compañía para disfrutar de Tres pisos. Quizá así no solo aprendamos no solo a decidir bien, sino a perdonar a tiempo. Dos factores que nos hacen Humanos.

@EduVicu

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