Leonas es una de esas películas documental que conmueven, sacan una (varias) lágrimas y sonrisas. De esperanza e ilusión.
Por una parte, te hace preguntarte cómo puede haber seres inhumanos que abandonan o maltratan niños. Por otra, afortunadamente, te reconcilia con la Humanidad ver que hay una creciente manada de voluntarios, mujeres y hombres, que hacen de mamás. Mamás en acción.
Cuando uno parece tenerlo todo y estar en el mejor de los momentos, la vida, el destino o Dios te cambia el rumbo. Seguramente porque ves una injusticia, algo que profundamente te conmueve y trastoca tus planes y objetivos. Es el momento de quejarte, olvidarlo todo por sentir importancia o entrar en acción tal y como se explica en este necesario documental dirigido y escrito hábilmente por Juan Manuel Cotelo. Una conmovedora historia que afortunadamente ha crecido, contra viento y marea (incluida una devastadora pandemia), y sigue imparable.
Cuando ves la labor de tantos voluntarios, al menos en mi caso, me es imposible no acordarme de otra familia similar en coraje, sonrisas y que tanto dan: los Aladinos de la Fundación Aladina. Aunque la misión es diferente, el resultado el mismo. Repartir amor, esperanza y acompañar en el dolor. Un dolor físico y un dolor causado por la soledad y desamparo.
También me acuerdo de los que padres, padrazos, que acogen niños dándoles un hogar. O los que apadrinan a pequeños en países lejanos con mínimos recursos.
Y de mis pasos como voluntario. Esta película ha sido un aldabonazo para, como dicen, tomar acción y abrir los ojos. Ordenar las prioridades y lo que de verdad importa.
El equipo de Mamás en Acción nos dan las gracias por sumarnos a la manada, ver y difundir este potente, luminoso filme. Nosotros les damos las gracias por haberlo hecho, sabiendo lo que cuesta hacer un documental. A los voluntarios, al equipo de rodaje y postproducción, así como a la distribuidora A Contracorriente Films por su valentía y riesgo de asumir su distribución. Porque sin duda hay que apoyar estas iniciativas que conciencian a la sociedad, a los líderes y a los ciudadanos de a pie, a abrir los ojos, haciendo la vida mejor para todas las personas. Humanizando y civilizando la sociedad con pequeños grandes gestos. Gestos que curan, y no solo metafórica o simbólicamente, sino que ayudan a una pronta recuperación física tal y como avalan testimonios de científicos y doctores.
Evitando, como el último cado que se nos cuenta, que un niño tenga que caminar y cruzar mares solo, huyendo de miseria y guerras invisibles para la comunidad internacional.










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