Es difícil resumir el muy meritorio primer film del director Dani Sancho, Viaje al país de los blancos, basado en la vida real de Ousman Umar (autor del best seller homónimo y fundador de Feeding Minds).

Si tuviera que hacerlo telegráficamente sería algo como “la película nos hace reflexionar sobre cómo dar oportunidades a quien no las tiene, y las busca». Ousman y Dani nos proponen que alcemos la mirada, más allá de intereses partidistas, políticos o beneficios personales.

Como comentaron en uno de los coloquios de presentación de la película, quieren que nos preguntemos quién y qué hay detrás del que duerme en la calle, vagando perdido y con miedo. Y por qué ha hecho ese viaje de pesadilla.

 ¿Podemos dar luz a esas personas? Esa es la clave, dejando de pensar que son los gobiernos y otras instituciones quienes exclusivamente pueden ocuparse de este espinoso tema.

En su lugar, pensemos qué podemos hacer, por poco que sea, para cambiar la vida de al menos una persona o unas pocas.

Volviendo a la película, y para no destripar en exceso (aunque obviamente los espectadores ya intuirán por dónde va la historia) cabe decir que su narrativa es muy acertada, sin maniqueísmos fáciles ni exceso de crudeza, al menos no visual. El guion es ágil de inicio a fin, con un sobrecogedor, reflexivo, luminoso protagonizado por el propio Ousman quien, sin actuar y de forma valiente, vuelve a revivir su dolorosa odisea vital. El resto del metraje, Ousman es interpretado por Víctor Say como niño, al inicio, y de forma excepcional por Benjamin Kakraba en su etapa adolescente.

Lo hace para explicar y mostrar los peligros de este viaje y, sobre todo, para concienciarnos. Para que demostremos los valores europeos, tratando de solucionar esta inhumana tragedia con mirada alta y diálogo sereno.

Sí, tanto el viaje real como el emocional y transformador de Ousman que se muestra en la película, el libro y en Feeding Minds son las mejores vías para luchar contra una inmigración inhumana. Una inmigración en muchos casos letal, pero que siempre deja terribles e imborrables huellas psicológicas. Una inmigración forzada por la búsqueda de oportunidades y del conocimiento (como en este caso) o por abrumadoras hambrunas, guerra, enfermedades y miseria.

Injusticias, también las que se encuentran en Occidente, «el país de los blancos», saturado y mal gestionado. En decadencia política y moral con la única esperanza del despertar de la juventud agrupada en movimientos y organizaciones para aunar fuerzas de cara a un mejor futuro. Para todos. Abierto, libre, próspero. Humano.

Porque la inmigración es claramente necesaria en occidente, pero mal gestionada se traduce en injusticias que acaban, desgraciadamente, en desorden y violencia que no hacen más que alimentar odios y caos.

Si añadimos al cóctel la dañina influencia del fanatismo religioso unas veces, o de aprovechados esclavistas y narcotraficantes otras, el conflicto se agrava exponencialmente.

Como decía antes, y volviendo al acertadísimo lema de la reciente visita del Papa León XIV a España, alcemos la mirada a la gran pantalla para ver desde este viernes 26 de junio de la mano de A Contracorriente Films (y difundir) Viaje al país de los blancos. Ayudemos a difundir las experiencias de Ousman y a crear oportunidades ahí para que, como el propio Ousman dice, «se haga ese viaje, pero de otra manera».

@EduVicu

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