Repasar la historia de Spiderman en sus encarnaciones en carne y hueso, más allá del universo original de las viñetas y el posterior de las series de animación, es sumergirse en un camino tortuoso y con incontables dificultades e imprevistos, un viaje que hubiera servido de inspiración al mismísimo Homero .

La odisea arácnida comenzará con la compra de los derechos de todos los personajes de la Marvel por parte del productor musical Steve Lindberg en 1971, lo que dará inicio a la etapa más surrealista de nuestro protagonista. La genial idea que rondaba la cabeza de Lindberg consistía en fusionar a sus más recientes adquisiciones con su ámbito profesional, así que, ni corto ni perezoso, perpetró y ejecutó una delirante gira de musicales con actores disfrazados de los superhéroes recorriendo Estados Unidos. Un más que mejorable pistoletazo de salida para la carrera en carne y hueso de nuestro justiciero y fotógrafo neoyorquino.

Pero aún habría más, mucho más…

Stan Lee recupera los derechos en 1974 y decide venderlos a la CBS, que produciría aquella mítica serie de televisión que acabó llegando a nuestras latitudes en forma de 3 largometrajes de 90 minutos cada uno. Pese a alejarse mucho de las tramas de los cómics, y a que enfrentarse a la serie hoy día constituya un verdadero acto de fe, aquel fue el primer Spiderman en imagen real para toda una generación (sin contar las producciones amateurs de Donald F.Glut de finales de los 60).

De forma paralela, sin licencia oficial alguna y tratando de aprovechar con total descaro el arrollador éxito de los cómics, proliferan durante aquellos años películas de Spiderman a lo largo y ancho del globo. Para encontrar una de las más alucinantes, y no precisamente en el sentido positivo del adjetivo, debemos viajar hasta Turquía: Three Big Men (1973) es una majadería que nos presenta al Capitán América y al Santo luchando contra un hombre araña dedicado a liderar el crimen organizado y al tráfico de drogas, que disfruta torturando a sus opositores para terminar ofreciéndoselos a sus cerdos guineanos carnívoros como nutritivo alimento.

El visionado de la obra trasciende toda valoración posible.

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La CBS no lograría sacar adelante un esperado crossover entre Spiderman y el Hulk televisivo, así que viajamos hasta la década de los 80 para encontrarnos con uno de los mayores proyectos cinematográficos frustrados del arácnido. La mítica productora Cannon, forjadora de leyendas como Chuck Norris, Jean-Claude Van Damme o Charles Bronson, llegó a contar con un guión (que Stan Lee exigió reescribir, al leer en su primera versión que su amado personaje llegaba a transformarse en araña gigante) de presupuesto mastodóntico y en el que se rumoreaba que tomarían parte Tom Cruise en el rol protagonista y Joseph Zito (Desaparecido en combate) en la dirección. Como siempre ocurría con la Cannon, gargantuescos y desproporcionados eran sus sueños y monumental acabaría siendo su caída: tras sonados fracasos en taquilla (Superman IV, Másters del Universo…) y varias reformulaciones del proyecto, la quiebra de la productora daría al traste con todo. Con todo menos con las aspiraciones de un Menahem Golam que no capitularía hasta varios años después cuando, tras vender en varias piezas los diferentes derechos de explotación de Spiderman (originando una maraña terriblemente compleja que dificultaría y mucho proyectos posteriores), cedió parcialmente los derechos cinematográficos a Carolco (Terminator 2). El segundo gran proyecto frustrado del héroe en pantalla grande (James Cameron en la dirección, Leonardo DiCaprio como protagonista y Arnold Schwarzenegger en el rol del Doctor Octopus) moriría entre demandas de Golam a la propia Carolco, indignado ante los intentos de Cameron encaminados a apartarle de ciertas tareas de producción para asumir gran parte de control. En 1999 Marvel recuperaría los derechos del héroe, para proceder a su venta a Sony Columbia.

Hasta 2002 no sería posible disfrutar de Spiderman en el cine, 24 años después del Supermán de Donner y 36 del primer Batman de 20th Century Fox.




La primera parte de la trilogía de Sam Raimi (Posesión Infernal, El ejército de las tinieblas) resultó ser la notable adaptación que todos los aficionados esperaban de un director que amaba al personaje hasta el tuétano, destacando sobremanera un magnífico Willem Dafoe en el papel del Duende Verde (pese a un discutido atuendo robótico que le acercaba estéticamente a un Power Ranger psicótico). Y la cosa mejoraría aún con una estupenda segunda parte estrenada dos años después (de nuevo con una notable interpretación del antagonista, esta vez con Alfred Molina encarnando al Doctor Octopus), para cerrar fallidamente en una mediocre tercera entrega. Mark Webb (500 días juntos) tomaría el relevo en un reboot de la franquicia con The Amazing Spiderman (2012), de cuya primera y segunda parte apenas se puede rescatar a Emma Stone en el papel de Gwen Stacey y a un solvente Andrew Garfield como Peter Parker, en el contexto de dos guiones que presentaban un inexplicable batiburrillo de tramas y villanos mal planteados y ejecutados que acababan por arruinar el eficaz trabajo interpretativo de los dos protagonistas.

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Fotografía: Columbia Pictures

Hoy el Spiderman de Tom Holland es parte importante de los enormes planes de Disney ( propietaria de Mavel Studios), tanto en la disfrutable Spiderman: Homecoming (2016) como en las últimas entregas de Los Vengadores, pero era necesario embarcarnos en el apasionante y tortuoso viaje previo a la sobreexplotación del personaje con la llegada del nuevo siglo.

Aquellos tiempos en los que nuestro amigo y vecino favorito palidecía, atrapado en una telaraña imposible de derechos esparcidos y proyectos frustrados.

@Juanlu_num7

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