Para completar mi pequeña crónica del BCNFilmFest2026, hoy os dejo mis impresiones de la merecida ganadora del festival, (además de ser seleccionada en la Sección Oficial del Festival de Cannes). La isla de Amrum (Amrum), una película dirigida por Fatih Akin, firmante del guion junto a Hark Borm (quien aparece simbólicamente al final del metraje, ya que la historia está basada en su vida) además de ser uno de los varios productores del filme.

1945, isla de Amrum. La carestía y el final del nazismo envuelve a la paradisiaca isla alemana en un ambiente enrarecido. La luz particular, dura pero pálida, y sus noches ayudan a potenciar esa atmósfera de inquietud y profundidad en lo que está pasando, sin mostrar del todo la brutal violencia que asola buena parte del planeta.

Ahí, dos amigos, Hermann (Kian Köppke) y Nanning, (Jasper Billerbeck, magnífico protagonista sobre el que gira toda la narración) tratan de sobrevivir y ganar el sustento para sus familias ayudando en el campo, hasta que Nanning es expulsado de la granja por un comentario que enfurece, por considerarlo traición y debilidad, a los todavía gobernantes nazis.

A partir de ahí, Nanning, (si bien contará todavía con la ayuda de Hermann), a pesar de su corta edad, se ve obligado a madurar, buscando alimentos en la caza (con escenas algo crueles y que traumatizarían a cualquier niño -aunque certifican que ningún animal ha sufrido en el rodaje-) y usando su pasado en las Juventudes Hitlerianas.

Irá descubriendo poco a poco, a través de un incidente familiar con la amada de su tío Theo que tratan de ocultarle, los horrores del nazismo. Aunque la influencia de este régimen es fuerte en él, afortunadamente el fanatismo y la sinrazón todavía no han calado hondo en su mentalidad. Aun teniendo como prioridad llevar comida a su madre (Laura Tonke), quien acaba de tener un bebé, no deja de tener nobleza de espíritu. Esto se ve, sobre todo, (entre otras acciones), cuando rescata de las marismas a un niño algo mayor que él, de origen polaco (supuesto enemigo) que le perseguía junto a su hermana para robarle azúcar.

Todo esto, más ver la muerte en primera persona, le va cambiando. Su mirada decidida, el acopio de valentía al que se ve obligado y los recuerdos familiares van moldeando a un joven Nanning quien, aunque proviene de una gran ciudad, se siente más de Amrum que cualquiera.

Sin embargo, hacia el final de la película (ya en cines), con la capitulación de Alemania, la libertad ha llegado, pero no del todo para Nanning. Eso sí, al menos se queda buenos recuerdos de la isla, su isla, a pesar de los traumas ahí vividos. La sincera amistad con Hermann y la sonrisa de profundo agradecimiento de la hermana de Oskar, el chico a quien rescató. Recuerdos que, como el de su tío Theo, le salvarán de por vida.

@EduVicu

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