La tensión va en constante crecimiento ya desde los planos iniciales, sobrevolando un paisaje agreste, bonito, pero con un aura inquietante, por la luz tan británica y lo solitario del lugar.

The Owners (Los propietarios), un filme que cabalga entre una película de género (un punto gore) y el thriller psicológico, nos traslada a principios de la última década del siglo pasado, cuando todavía se podía ver algo del género quinqui. Dos amigos de toda la infancia, Nathan (Ian Kenny) y Terry (Andrew Ellis) son convencidos por el sociópata Gaz (Jake Curran) para dar un golpe que les sacará de sus ruinosas vidas con poca esperanza de salir adelante en un lugar tan olvidado como ese.

Mary (Maisie WillIams), la novia de Nathan, rehúye al principio, pero termina participando, vigilando el exterior de la mansión y adentrándose en la misma ante el inesperado regreso de sus propietarios, el doctor Huggins y su esposa.

A partir de aquí, el plan inicial de saquear la caja fuerte y todo lo que encuentren de valor, pero sin víctimas mortales, se desbarata en una espiral, llena de tensión y continuos puntos de giro que nos harán contener la respiración.

The Owners, primera película de Julius Berg tras su paso por la publicidad y las series, está basada en el cómic belga que un día le dejó su amigo y coguionista Mathieu Gompel, Une Nuit de Pleine Lune. Pero también tiene algo de la experiencia que vivió el propio Berg con la casera del apartamento parisino que alquiló durante su periodo universitario. El continuo interés de ésta por la salud de Julius Berg, sobre todo si un día no seguía sus rutinas mañaneras, le pareció excesivamente intrusivo e inquietante, y esa es la relación que buscó entre la pareja mayor y los jóvenes.

Unos veintitrés días, recuerda Berg, tardaron en rodar esta película, dejando la escena final, y más importante, para el final. Quizá porque así consiguieron dar todo el clímax y crear la química entre los actores. Si bien esto no es tan importante como en el drama, la comedia o las historias de superación, pero los actores sí necesitan trabajar bien las personalidades y objetivos de sus personajes para que el guion funcione.

En este caso, objetivo cumplido. Hasta el final, la trama fluye, navegando entre la desesperanza y la locura psicópata (con un juego de realización dinámico entre la subjetividad de los personajes y  la cámara «en mano») que no abusa de los continuos sustos que la convertirían en uno más de los muchos títulos de horror.

Desgraciadamente, la realidad supera la ficción… Es fácil identificarla con cierto suceso escabroso, (que no mencionaré para evitar destripar más de lo ya dicho sobre el argumento). Vista la película se entenderá al porqué el título que he puesto a esta crónica.

Sin duda, merece la pena seguir las carreras de la joven Maisie WillIams, (que ya empezó fuerte como Arya Stark en la serie Juego de Tronos) así como del dúo Julius Berg y Mathieu Gompel.

@EduVicu

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