La nueva producción de Studio Ghibli y NHK, Earwig y la bruja, nos habla de cómo Earwig manipula, mentalmente, a los demás para que hagan lo que quiera. Al menos es así durante su vida en el orfanato donde vive desde que era un bebé hasta que, a los diez años, un hombre y una mujer de aspecto extraño la adoptan. “Mi nombre es Bella Yaga. Soy una bruja”, le dice su nueva madrastra a Earwig. “Te he traído a mi casa porque quiero que seas mi ayudante”. Bella y el hombre extraño, que solo aparece para desayunar, comer o cenar, está siempre de mal humor, harán que Earwig se encuentre con personas que no se doblan a su voluntad, haciendo que tenga que esforzarse al máximo para descubrir el enorme potencial que siempre ha guardado en su interior.

Va muy en línea con las anteriores producciones de Studio Ghibli, sobre todo El castillo ambulante, que es igualmente una adaptación de Diana Wynne Jones. Lo mágico, fantasioso, onírico y, en algunos casos como El viaje de Chihiro y La princesa Mononoke, la amplia mitología oriental vuelve a entremezclarse con nuestro mundo, ya sea Japón o, como en este caso, un país occidental.

Volviendo a hacer un visionado a los clásicos de Studio Ghibli, trazaría una línea cronológica, según la edad de la o el protagonista, los peligros y el descubrimiento personal según van creciendo a los que se enfrentan en cada título.

Primero estaría Mi vecino Totoro, un viaje de descubrimiento del entorno y las primeras amistades, así como la necesidad de aferrarse a los padres (y hermanos mayores -o hermana, en este caso-) que en algunos momentos me recuerda, si bien es una obra bastante más para adultos, a Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll).

A continuación, ya algo más crecida, pondría Earwig y la bruja, con nuevas amistades, los primeros sentimientos de amor, el viaje al conocimiento de uno mismo y lo que de verdad quiere. En este caso, el parecido con otra obra clásica, salvando las distancias de cada género, sería con Matilda, (Roald Dahl).

Seguiría con El viaje de Chihiro, donde una adolescente se ve forzada a cambiar de colegio y amigos por la mudanza que deciden sus padres y, en una parada a mitad de camino del viaje en coche, se ve envuelta en una gran y peligrosa aventura en un mundo dentro de éste. Ahí conocerá al que quizá sea su primer amor verdadero, un joven aprendiz de brujo que le guiará en la batalla entre los dioses (espíritus) buenos y malos. Un joven que es capaz de transformarse en un dragón tipo Fujur, el de La Historia Interminable, obra con la que, en cierto modo, guarda semejanzas.

Casi al mismo tiempo, si bien podría ir la última porque buena parte del metraje la protagonista es una anciana, (joven convertida en anciana por una malvada bruja), iría El castillo ambulante, donde sigue este autodescubrimiento y las relaciones amorosas, junto con el sentimiento de formar una familia, las traiciones y esperanzas.

Después, ya en el paso entre la adolescencia y la edad adulta, La princesa Mononoke. En esta película, aparte de ser un claro y necesario alegato por la naturaleza y un desarrollo sostenible, vemos el sacrificio al que el protagonista, un apuesto y bravo príncipe guerrero, (Ashitaka), es capaz de hacer por salvar a la princesa, también una aguerrida guerrera, Mononoke (traducible por <<espíritu vengador>>).

Mononoke, cuyo único objetivo es asesinar a la Señora de la ciudad vecina para evitar que sus ambiciones provoquen la desaparición del bosque en el que habita, junto a los lobos, otros animales y espíritus, termina correspondiendo al amor que le transmite Ashitaka mientras éste lucha por lograr la convivencia entre el bosque y la ciudad.

En esta obra, tanto Mononoke como Ashitaka, que llega al lugar desde su remota aldea para <<ver con ojos carentes de odio>> y librarse de una poderosa maldición de la que es presa por matar a un espíritu, son igual de protagonistas, creando una interesante dualidad protagonista poco vista en las producciones, al menos las más conocidas, de Studio Ghibli.

Como apunte final, y por entrar un poco en lo técnico, me gustaría decir que, aun reconociendo el notable esfuerzo por renovarse y separarse de la mano de Hayao Miyazaki, prefiero el 2D al 3D.

Puede ser por tema generacional, pero me meto más en la historia, disfruto más, si es en 2D. El CGI está muy logrado, para mi gusto más los fondos que los personajes, pero el 2D tradicional de los anteriores títulos alcanza tal calidad que, personalmente, me convence más.

Si bien es cierto que Studio Ghibli debe renovarse y buscar una alternativa a la mano de Hayao Miyazaki, personalmente apostaría por la técnica mixta. Es decir, combinando el 2D con el 3D para el sombreado de los personajes como ya hiciera Goro Miyazaki en la serie de televisión Ronja, la hija del bandolero. Esperemos que la elevada calidad artesanal “del sello Ghibli” no se pierda.

En definitiva, Earwig y la bruja es resolutiva, optimista, dos cualidades muy necesarias hoy en día. Como afirma el propio Goro Miyazaki, es muy recomendable tanto para adultos y niños, siendo éstos los que, como hace Earwig, quizá deberían dominarnos a los mayores para dar algo de cordura a los tiempos que corren. El cambio generacional va siendo necesario, quizá no tanto en la técnica, (en este caso el uso total del CGI), sino en el mensaje y la mentalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

@EduVicu

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