En la miseria, en la violencia y en la desesperación bien es sabido que han surgido geniales e inmortales obras de arte.
Amadeo Modigliani es un ejemplo, como se nos muestra en Modigliani, tres días en Montparnasse (Modì, Three Days on the Wing of Madness). Un biopic dirigido por Johnny Depp y con un reparto muy sólido, destacando, como coleccionista supuestamente experto en arte a Al Pacino. Un breve pero intenso papel con el que demuestra que todavía tiene talento para “comerse la pantalla”.
Modigliani, junto a sus dos amigos y también reconocidos artistas (Chaïm Soutine y su fascinación por la carne muerta, y Maurice Utrillo con su locura) vivirán entre los bajos fondos, la miseria y el inestable clima bélico de la I Guerra Mundial una frenética lucha por crear y sobrevivir.
La película es, además de un importante fragmento de la vida y obra de tres geniales artistas, Amadeo Modigliani (Riccardo Scamarcio), Chaïm Soutine (Ryan McParland) y Maurice Utrillo (Bruno Gouery), un alegato de cómo el adelantarse a su tiempo es una desgracia, como también les pasó a tantos otros artistas (Van Gogh sin ir más lejos). No debemos menospreciar ninguna forma de arte (siempre que no vayan acompañadas de violencia o sean instrumentos para ensalzar conductas o movimientos violentos), ya que nunca sabemos cuando van a triunfar ni el daño que la marginación puede causar a los artistas.
La ternura se entremezcla con plásticas, terribles e hipnóticas ensoñaciones febriles. Una de ellas, maravillosa, transcurre en un cementerio semiabandonado cuando está disfrutando una romántica noche junto a su musa, Beatrice Hastings, (Antonia Desplat), donde enmascarados “doctores peste” con esas tenebrosas máscaras estilo veneciano rodean a un Amadeo con un débil estado de salud.
También la rabia autodestructiva tiene cabida en este filme en el que, por último, hay que resaltar tanto la dirección artística (David Warren y Mónika Esztán) como la fotografía (Nicola Pecorini, Dariusz Wolski).
Además de esa onírica, febril secuencia del cementerio destacaría, como metáfora, la apertura y cierre del metraje: una estatuilla, el rostro de Beatrice, tallado por Modigliani hundiéndose en el Sena… Y hasta ahí puedo hablar para no seguir con el spoiler.
Modigliani, tres días en Montparnasse es, pues, una obra que merece la pena ver en pantalla grande, (desde hoy viernes 28 de marzo) especialmente a los cinéfilos y amantes del arte.
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