Siempre me pareció curioso el que los amantes del género noir en todas sus vertientes (principalmente la literaria y audiovisual) acabemos decantándonos por entornos oscuros, turbios y dominados por la desesperanza para evadirnos de la realidad, siguiendo los pasos de antihéroes plagados de aristas que salvan el día aún a sabiendas de que sus acciones en poco o nada cambiarán el deprimente paisaje predominante.

José Luis Garci es uno de los nuestros, y lo demostró hace ya 40 años, apenas uno antes de ganar el Óscar a Mejor Película de Habla No Inglesa con Volver a Empezar. Garci tocó el cielo hollywoodense con 38 años, pero a los 37 ya se había descubierto como dominador natural de su medio, regalándonos una maravilla por la que no pasa el tiempo.

Ya desde el prólogo el director cumple con el objetivo de dibujar la templanza y profesionalidad del protagonista, para dejar claro a los espectadores el espécimen ante el que nos encontramos: un solitario Germán Areta ejerce de impertérrito testigo de un atraco mientras degusta su cena, consistente en un plato combinado y un vaso de vino. Involucrado finalmente en el asalto a navaja, Areta acabará resolviendo la complicada situación sin ningún aspaviento ni exceso, despreciando emociones o reconocimientos. Estamos ante un antihéroe clásico del género, taciturno, melancólico, eficaz y muy peligroso.

Todos los derechos reservados a Impala Producciones.

Pero el dúo Garci-Landa nos tiene reservada una sorpresa que escapa a los cánones tradicionales del noir: Areta presenta una dualidad muy marcada entre su perfil en el trabajo y fuera de él. Y es aquí donde el intérprete nacido en Pamplona desarrolla un trabajo prodigioso.

El protagonista sabe que la construcción de un núcleo familiar al que aferrarse constituirá su salvación, esa que le evite resbalar y precipitarse al fondo del oscuro abismo que bordea día tras día en su trabajo. Y la ternura, cariño y cuidados que dispensa a Carmen (una excelente María Casanova) y a su hija ejercen de poderoso contraste con la otra cara que vemos de él durante una investigación que es en realidad una excusa para guiarnos por la galería de personajes que pululan por esa Madrid que huele a peligro en cada una de sus esquinas.

Precisamente Madrid y Nueva York serán personajes mudos de la trama, volcando en ellas Garci su amor por las dos ciudades y sus dos culturas. También el boxeo, otro de los amores eternos del director, hará acto de presencia en una película que retorna 40 años después, tan magnífica como el día de su estreno en el ya lejano 1981.

Con El Crack disponible en plataformas digitales (Filmin y Movistar +) y en una cuidada edición física para coleccionistas (gracias a Impala Producciones), ya no hay excusa.

Toca calarse la trenca y acompañar de nuevo a Areta.

@Juanlu_num7

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Experto en nada, imperfecto en todo y algo quijotesco. He visto cosas que vosotros no creeríais, así que trataré de contároslas...

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