Parafraseando el título de la genial obra de Joseph Conrad, En el corazón de las tinieblas, doy título a esta reseña que sin duda resume muy bien la película En el corazón de la bestia.
Al igual que “la (magistral) adaptación” de Francis Ford Coppola Apocalypse Now, el oficial de las Fuerzas Especiales James Belmont (Brad Pitt) y su perro de combate Odín sufren un fuerte estrés postraumático tras el horror de la guerra, con secuelas físicas (ataque al corazón a James Belmont en pleno vuelo con su avioneta, en pleno Alaska donde vive retirado) o terrores nocturnos (Odin).
Desde este accidente prácticamente al inicio del filme, se nos muestra la profunda amistad que une a ambos inseparables guerreros, definiendo la verdadera amistad. Dando sus vidas hasta el máximo para ayudarse mutuamente a sobrevivir. Todo un ejemplo de unión entre el ser humano y el perro, y sobre cómo estos fieles compañeros, pese a todo, nunca nos abandonarán.
En el corazón de la bestia es un fascinante relato de supervivencia al límite, pero también un tratado sobre la valentía, la amistad, la supervivencia y el afán de superación en la búsqueda de esperanza entre tanto dolor físico y moral.
Además de otra soberbia actuación de Brad Pitt y un magníficamente entrenado Odin, (más del noventa y cinco por ciento del metraje están ellos dos solos, con muy buena química), el impresionante rodaje en plena naturaleza salvaje (teniendo en cuenta lo difícil y complejo que es coordinar un gran equipo de rodaje) hace que merezca mucho la pena el visionado en la pantalla grande. Compartiendo esta experiencia en una sala de cine a partir de mañana 25 de septiembre de 2026.
Si eres un amante de nuestros más fieles amigos peludos, es de obligatorio visionado este filme. Eso sí, avisamos que los sentimientos van entre la angustia, la rabia (por el uso militar de estas fantásticas criaturas -por suerte pronto, espero, podrán ser sustituidas por perros robot- y la ternura se mezclan en este sentido homenaje a los más de tres mil perros miliares (en EE.UU.). Los que sobrevivan y tengan dueños como el oficial de las Fuerzas Especiales James Belmont, son muy afortunados pese al horror de lo vivido.










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