Que la mejor serie de lo que llevamos de 2019 venga firmada por Craig Mazin probablemente sea la mayor sorpresa del año en el mundo audiovisual. La trayectoria del director y guionista neoyorquino, compuesta por la tercera y cuarta entregas de Scary Movie o la segunda de Resacón en las Vegas entre otras producciones francamente olvidables, para nada hacía presagiar una explosión de calidad como la que venimos a reseñar.

La principal inspiración y soporte de Mazin a la hora de escribir el guión de Chernobyl fue el libro Voces de Chernóbil, obra de Svetlana Aleksiévich (ganadora del Premio Nobel de Literatura en el año 2015) construida a partir de testimonios de supervivientes de la tragedia recogidos por la autora. Además, dichas declaraciones vienen aderezadas con minuciosas descripciones de las reacciones de los entrevistados al rememorar aquellos terribles días y las consecuencias en sus vidas.




Más allá de ciertas licencias artísticas como el personaje interpretado por Emily Watson, creado a partir del grupo de científicas y científicos que ayudaron a Valeri Legasov en la gestión de la crisis, la obra relata con bastante rigor los hechos acaecidos tanto durante aquel funesto 26 de abril de 1986 como en los días y años posteriores. Un fantástico reparto (británico en su mayor parte, no olvidemos que la serie es una coproducción entre HBO y Sky), en el que sobresalen Jared Harris, Stellan Skarsgard y la propia Watson en los roles principales, articula una ficción de estilo sobrio y prodigiosa fotografía, acompañada de un trabajo sonoro fundamental para transmitir el terror y angustia que imperan durante los 5 capítulos. Hildur Gudnadóttir, violonchelista islandesa al frente de la banda sonora, recogió gran parte de los sonidos grabando en la central nuclear de Ignalina (Lituania), la misma en la que se desarrolló el rodaje. El abrir y cerrar de puertas, las turbinas y los lamentos de la sala de reactores garantizan una inmersión escalofriante.

Terror y desesperación ante una amenaza invisible pero implacable.

Fuente fotografía. HBO

La serie sobresale en el magistral uso de la asimetría en cuanto al manejo de información entre los espectadores y los personajes de la trama, que potencia exponencialmente la sensación de desasosiego en los primeros. Tras este recurso narrativo flota constantemente una crítica feroz hacia el funcionamiento del régimen soviético, focalizada sobre las mentiras y la desinformación como herramientas recurrentes en pos de proteger la imagen de la Unión Soviética de cara al exterior, a costa de ultrajar la realidad y de los letales efectos que ello acaba desatando sobre la indefensa población. La ineficiencia de la estructura de gobierno también será tratada en la obra, dejando al descubierto el caso de cargos altos e intermedios del engranaje que llegan a sus posiciones gracias a la lealtad y sumisión incondicionales al partido, quedando en segundo plano su capacitación para el correcto desempeño de las funciones que dichos cargos implicaban. Y, entre las críticas, un precioso homenaje al compromiso y heroico sacrificio de infinidad de individuos del pueblo ruso, hombres y mujeres que no dudaron en apostar sus vidas por ayudar a desfacer el gigantesco error cometido por otros.

Tras el más que discutible cierre de su producto estrella, esa Juego de Tronos que vio su legado lastrado por las últimas temporadas https://www.youtube.com/watch?v=P9KUB29weic , la HBO viajó en el tiempo hasta la antigua URSS en busca de la expiación de sus pecados.

Una redención nuclear.

@Juanlu_num7

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