Este viernes se rinde homenaje a una de las grandes científicas que, pese a despuntar pronto, tuvo que luchar mucho para conseguir su sueño.

Se toca en la película el papel secundario que toda mujer tenía hace históricamente hablando no mucho tiempo, y a la vez se hace hincapié en la perseverancia que todo investigador debe tener.

Con la sucesión de escenas en las que el matrimonio Marie y Pierre Curie y sus ayudantes manipulan, sin ningún tipo de protección, elementos peligrosos, (lo que hoy en día nos da cierta angustia, causándonos cierta  extrañeza); una banda sonora electrizante; momentos de ensueño que mezclan lo real e irreal (una danza del fuego en un cabaret parisino o sesiones de espiritismo), así como las escenas bélicas finales, donde Marie y su hija ponen en práctica los rayos-x para tratar a los heridos, crean la atmósfera visual, sonora y estética perfecta para tratar un tema tan complejo como la radioactividad.

El radio y el polonio, dos elementos hasta entonces tan desconocidos como los fenómenos espiritistas que Pierre Curie tanto quería investigar, como buen precursor de los investigadores de hoy en día recogiendo datos como el magnetismo de los sitios donde supuestamente ocurren extraños fenómenos.




El radio y el polonio, dos elementos que aportaron mucho, para bien y para mal. Para bien, con las radiografías, su uso contra el cáncer y una energía que, bien usada, es relativamente limpia. Para mal, por el uso armamentístico y catástrofes como Chernóbil. Usos que, como si de visiones o premoniciones se tratara, tiene Marie Curie mientras es trasladada en una camilla, a través de un estrecho pasillo hospitalario, gravemente afectada por la radioactividad. El filme constituye un ejemplo del buen tratamiento de los “flashbacks” y “flash forwards” en la línea narrativa, sin despistar ni interrumpir la historia.

Por último, no quiero cerrar esta breve crónica de Madame Curie (Radioactivity) sin mencionar, ya que antes he hablado del acierto de los otros elementos fílmicos, la detallada labor  del equipo de maquillaje por los continuos cambios en los personajes y la buena interpretación del trío protagonista (el matrimonio Curie y su ayudante, Rosamund Pike, Sam Riley y Aneurin Barnard más el breve pero importante papel, al final de la película de la hija mayor -a sus dieciocho años-, Anya Taylor-Joy, destacada por su papel en la también recomendable serie de Netflix Gambito de Dama).

Marie Curie (Rosamund Pike) und ihre Tochter Irene (Anya Taylor-Joy)
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