De todos es sabido que en la Alemania nazi, y en los territorios ocupados por éstos, había muchos secretos y muchas traiciones.

El interés y la supervivencia prevalecían, por desgracia, más que la justicia y la solidaridad.

Esto es lo que nos narra Fred Cavayé en Adiós, señor Haffman, guionista y director del film, mostrando la persecución nazi en la Francia ocupada en contraste con el odio de los franceses a los nazis cuando el ayudante del señor Haffmann, (François Mercier, interpretado por Gilles Lellouche) haciéndose pasar por el nuevo dueño de la joyería en cuyos sótanos se esconde su jefe, (el señor Haffmann, interpretado por Daniel Auteuil), se congracia con los altos mandos nazis con la intención de salvarse. Él, su mujer Blanche Mercier (Sara Giraudeau) y su jefe.

Pero subyace otro secreto, y otra traición, entre los tres. Esto es lo atractivo del guion, la combinación de la tragedia de la guerra con lo humano. François y Blanche llevan años tratando de formar su propia familia, pero son incapaces de tener hijos.

A cambio de mantenerle a salvo, y permitir que escriba cartas a su familia, que huye a la Francia libre, François pedirá al señor Haffmann que sea el padre biológico de su vástago. Esto llevará a un triángulo en el que, como decía, diferentes secretos y traiciones saldrán a flote. François, por oportunista; Blanche, por alcanzar su instinto maternal y un desesperado Joseph Haffmann por verse encerrado, separado tanto tiempo de su mujer e hijos.

La tensión no dejará de crecer en todo el emotivo y humano metraje, con el contraste físico (con la fotografía y encuadres) y psicológico (enorme recorrido de los actores) entre la opresiva joyería, incluyendo el sótano que hace las veces de taller refugio, y el lujo del que se rodean los nazis.

Es interesante ver lo que dice Fred Cavayé cuando se le pregunta cómo le surgió la idea de adaptar la obra de Jean-Philippe Daguerre. << Jean-Philippe es un amigo desde hace más de 20 años. No quería leer la obra antes de verla, para reaccionar espontáneamente como el resto del público. Un amigo común me había dado un rápido resumen de la trama, y de alguna manera me imaginé que la obra abordaba temas que yo mismo había querido tratar durante un tiempo: mostrar a los “malos” bajo la ocupación alemana en París.

Muchas películas tratan sobre los héroes y la Resistencia, lo cual es normal, pero rara vez muestran a los colaboradores, o gente que entregó a sus vecinos por puro oportunismo.

¿Cómo puede una persona normal convertirse en un monstruo, no por ideología, sino por codicia o algo así? Entonces, vi la obra y me di cuenta de que había imaginado algo diferente. La obra es maravillosa, pero yo quería llevarla en otra dirección. Jean-Philippe me dejó tomar todas las libertades posibles. Me dijo, en broma, que él sólo adaptaba a escritores muertos para que “no lo volvieran loco”. Y así, mantuve la premisa inicial de Adiós, señor Haffmann (la película) y llevé a los personajes en diferentes direcciones, especialmente a François>>.

@EduVicu

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