Este viernes 22 de abril nos llega En su punto, una romántica comedia francesa, con el glamour parisino como telón de fondo.

Se trata de un filme de segundas oportunidades. Para Charly, cuando es despedida de su trabajo como editora de una revista de moda, como para Martial, empleado de la carnicería del padre de Charly.

Al morir su padre, Charly piensa que lo mejor es vender la carnicería, pero Martial se las arregla para convencerla de que no abandone el sueño de su padre. Juntos se embarcan en la gran aventura, no exenta de riesgos y dificultades, de ampliar la carnicería, abriendo un restaurante anexo.

Sencilla en cuanto a la trama, con ritmo ágil, esta luminosa, vitalista y muy esperanzadora comedia nos invita a desconectar de la cruda, nunca mejor dicho, realidad.

Sobre todo, destacaría la química que enseguida se fragua entre Charly (la ganadora del César Géraldine Pailhas por Joven y bonita) y Martial, (Arnaud Ducret, El amor está en el aire), desvelando ante nuestros ojos una montaña rusa entre las emociones y el cambio de roles. Él posando ante las cámaras en un momento dado, ella al frente de la carnicería. Dos interpretaciones repletas de matices, como la buena cocina. Bien medidas, en su punto.

Esto era algo que le interesó mucho al director, Christopher Thompson, coguionista junto a Fabrice Roger-Lacan. En la presentación de la película, Thompson lo refleja muy bien con una frase que escucharon al empezar a investigar sobre el mundo de los carniceros, (al menos en Francia).

«No hay carnicero sin carnicera». Y continúa: <<Nos da la idea de una pareja que avanza junta, que se completa, que se apoya, pero también del lugar reservado a cada uno: la mujer detrás de su caja registradora, el hombre detrás de su tajo de madera. La película juega con estos lugares y los redistribuye. Charly toma el control, agarra los cuchillos de su padre y se coloca detrás del tajo de madera. Transforma lo que ha conocido -un statu quo tradicional- en algo nuevo. Mientras tanto, Marcial se transforma temporalmente en un hombre-objeto que posa para las revistas. Al final, acabarán igualmente detrás del bloque de madera tras haber seguido cada uno una trayectoria opuesta a la del otro>>.

Otro de los aspectos atractivos del metraje es “la artesanía culinaria”. Nos lo explica muy bien el propio Thompson, en otro momento de la entrevista, destacando también la cercanía de los comercios locales, perdiéndose con el paso del tiempo a una fría modernidad: <<Me interesa la artesanía: los gestos hermosos, la tradición y la transmisión. Quería filmar el trabajo del artesano lo más cerca posible, captar su rutina diaria, la precisión del gesto, el rigor en el trabajo, la obsesión por la «buena pieza». Y luego, los recuerdos de la infancia, comprar en las tiendas, eso lo compartimos todos, forman una base que tenemos todos en común. Visitar una carnicería y ver con qué cuidado se corta o se envasa la carne, y el misterio de los preparativos en la trastienda (así como la elección de la ganadería); todo eso forma parte de estos recuerdos. También está el vínculo social creado por las tiendas locales, que son un lugar de encuentro y conversación, a menudo el corazón palpitante de un barrio>>.

Termina la entrevista a Christoph Thompson hablando sobre la carnicería, tercer protagonista de la película <<que ocupa la mitad de la película y al que había que dar vida con varios ejes, trabajados previamente con el escenógrafo y Rémy Chevrin, el director de fotografía, para evitar efectos redundantes. Esta carnicería es el centro de la película, como un teatro, con su espectáculo y sus bambalinas. Se transforma (a veces abarrotada y otras ofreciendo un entorno íntimo) y crece junto con nuestros personajes; es un lugar vivo, una metáfora del destino y de la trayectoria de los héroes>>.

@EduVicu

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