Una magnífica película de terror vestida de drama social, ambientada a la perfección en el Irán de la segunda mitad de los años 80, más concretamente en 1988 y con los bombardeos iraquíes sobre Teherán añadiendo aún más pesadumbre al cóctel: eso es lo que nos presentó Babak Anvari en el festival de Sitges, hace ya 6 años.

Nacido en Irán pero criado en Londres, Anvari volcó su talento en Under the shadow para denunciar los numerosos problemas de su país y, a la vez, construir una joya del género que emplea a la perfección el recurso clásico de sugerir antes de mostrar. 90 minutos escasos de localizaciones (apenas un edificio y un par de exteriores, aprovechados al máximo) pero repletos de contenido y maestría en la dirección.

Las barreras del régimen iraní hacia las mujeres, tanto a la hora de acceder a formación universitaria como para vestir con libertad, y hacia toda la sociedad en general (prohibición de tener reproductores VHS en los domicilios), están presentes en el film, con la protagonista (gran interpretación de Narges Rashidi) tratando tanto de abrirse paso en el exterior como de afianzarse en su pequeño núcleo familiar. Y la niña Avin Manshadi (Dorsa) sorprende en el otro rol principal, con un trabajo interpretativo difícilmente mejorable en alguien de su edad.

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Es fácil olvidar que estamos ante una película de terror, hasta que el viento trae consigo la maldición que nos mantendrá pegados a nuestros asientos y atentos a cualquier detalle presente en los inteligentes planos interiores de Anvari.

Sin ánimo de arruinar la experiencia a los que no hayáis tenido la suerte de disfrutar de Under the shadow, aprovechad su presencia en el catálogo de Netflix y volad a verla. Os aseguro que el terrorífico y enriquecedor viaje merecerá la pena.

https://twitter.com/Juanlu_num7

 

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