La influencia del género western no es nueva dentro de la saga Star Wars, indivisible a la obra de Lucas desde su génesis a finales de la década de los 70, y en el caso The Mandalorian figura grabada en el tuétano de su alma. Su protagonista, claro heredero de aquel pistolero sin nombre y parco en palabras que fuera rol arquetípico de Clint Eastwood en los tiempos del spaguetti western, y su selección de planos y entornos polvorientos beben de aquellas fábulas ubicadas en el Salvaje Oeste. Todo ello aderezado con incontables referencias a la mitología galáctica, ya desde la secuencia de apertura de la serie en esa cantina que es puro fan service y nos inocula la calidez y comodidad del que se sabe de vuelta en el hogar.

Porque The Mandalorian es, ante todo, una nueva muestra de que los spin-offs mantienen y consolidan su posición como los elementos más reivindicables de toda la era del ratón Mickey como custodio del universo imaginado por George Lucas.

Todos los derechos reservados a Walt Disney Studios

Favreau y Filoni construyen una historia que potencia desde su guión la capacidad del protagonista a la hora de transmitir emociones sin quitarse (hasta el cierre de líneas) jamás su característico casco, herencia de una comunidad de guerreros que han hecho de la necesidad de supervivencia una forma de vida y devoción rayana con lo religioso. La banda sonora, sobria, contenida y respetuosa con los momentos de quietud en contraposición a la icónica fanfarria clásica de John Williams, acompaña a la perfección en un marco histórico que narra (sin necesidad de palabras al inicio, valiéndose de detalles como las castigadas y descuidadas armaduras de los Stormtroopers) la imparable caída del Imperio Galáctico.

Y, en el cuarto capítulo, a la citada influencia del western se sumará la evidente huella de Kurosawa (también presente en la trilogía clásica), en una historia autoconclusiva que es una revisión de Los siete samuráis dirigida por Bryce Dallas Howard: el mercenario contratado por una comunidad que busca protección ante la amenaza externa.




Mando y su pequeño y entrañable acompañante capitanean un producto de calidad, ariete promocional de la nueva plataforma de Disney gracias a la que la compañía del ratón planea derribar las puertas de millones de hogar a lo largo y ancho del globo. Y el legado de Star Wars es siempre una herramienta magnífica para emprender tamaña invasión.

@Juanlu_num7

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