La tan esperada película, al menos para los amantes del género de terror y lo paranormal, se quedó en un sin sabor. Una pequeña frustración. Mucho sobresalto y poca carne, se podría decir.

Sin ser una mala película, ya que técnica y actoralmente hablando, está bastante decente, sin llegar a la excelencia de Verónica, el guion resulta flojo. Tiene la consabida sucesión de sustos, quizá en exceso y alguno previsible, más detalles escalofriantes que prometen, (como una bañera llena de agua embarrada y lo que podría ser sangre), pero que finalmente se quedan en poco. Casi más interrogantes que respuestas cuando empieza el rodillo de los títulos de crédito.

Acudí a verla el pasado fin de semana, con un especial de los espectáculos de mentalismo que ha menudo se celebran en El Palacio de la Prensa, un edificio, por cierto, con mucha historia oculta), que casi disfruté más que la película en sí.




Una pena que no se centrara en aprovechar los sucesos paranormales que se esconden en esas castizas calles madrileñas, con pose en forma de testigos y atestados policiales que en su día salpicaron las páginas de famosos diarios como El Caso o Pueblo.

Poco más se puede decir, por no destirpar la historia, nunca mejor dicho de un metraje que esperábamos fuera tan buena como la mencionada Verónica… Una expectativa, visto lo visto, muy alta. Y es que no es fácil hacer una buena película de thriller psicológico o terror que cale hasta las entrañas y nos haga dormir con un ojo abierto o la luz encendida, mirando en los armarios y debajo de la cama.

@EduVicu

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