Bruno (Vincent Cassel) y Malik (Reda kateb) son dos buenos amigos. Bruno, judío, se dedica a acoger a jóvenes con autismo u otros problemas mentales. Malik es un marroquí que se dedica a rescatar a jóvenes problemáticos de la calle para enseñarles a ser cuidadores, que se licencien y tengan así un futuro digno y útil para la sociedad.

La complicidad de Bruno y Malik, cada uno haciendo lo imposible por ayudarse y salir adelante en sus misiones, es la trama principal de Especiales. Especialmente Bruno, quien sufre el acoso de las autoridades sanitarias francesas al descubrir las penosas situaciones en las que atiende a los casos que, por otra parte, nadie quiere acoger. Gente, en su mayoría jóvenes, que le llegan de centros psiquiátricos o familias que le piden ayuda durante determinadas horas semanales.

Sin embargo, el tesón y las ganas de ayudar le impide negarse a buscar una solución a cada caso, lo que generará alguna situación de “comedia social”, haciendo ganar a su personaje en empatía.

Bruno apenas tiene tiempo para las relaciones íntimas. Lo intenta, y esto es otra de las tramas de la película, pero su trabajo se acaba imponiendo. Una crisis o un  nuevo caso requerirá siempre su atención. Quizá, y es un punto que queda abierto, sea con la madre de Joseph, (Benjamin Lesieur), el primer joven autista que atendió Bruno y gracias al cual decidió acoger a cuantos pudiera, con la que más relación tenga Bruno.




Es precisamente Benjamin, escogido entre varios jóvenes autistas en un taller de teatro, una de las razones para ver Especiales. Ha sabido acoplarse muy bien al rodaje, sobre todo las repeticiones, ensayos y directrices muy marcadas a los que tan habituado está.

Otro de los casos con rol protagonista es el de Valentin (Marco Locatelli) un niño con severo síndrome autista y con violentos brotes, por lo que siempre va con un casco de boxeo para impedir una autolesión. Lo que hizo que Marco fuera elegido fue la mención en el casting que su hermano padece autismo y, con Especiales, quería conocer más a fondo y experimentar este síndrome. Y lo consigue con creces.

Otra de las particularidades de esta obra son las secuencias en las que muestran las actividades que los monitores llevan a cabo. Fueron rodadas con pacientes reales tras un año de ensayos, para que se acostumbrasen al entorno de los rodajes. En ellas se ve aflorar la empatía, el cariño que necesitan para ser comprendidos y la eterna felicidad y gratitud que devuelven por poco que uno haga para entretenerlos y enseñarles algo nuevo.

Olivier Nakache y Éric Toledano (Intocable, Samba, C’est la vie) han sabido escribir y dirigir una película que lleva su ADN. Una inteligente historia con la que dan una llamada de atención a la sociedad actual, más por la labor de quejarse ante todo que de buscar soluciones.

Especiales, una película que, como tantas otras de A Contracorriente Films debe ser de obligado visionado en institutos y universidades, desprende empatía y humanidad por todos sus poros, arrancando al espectador una sonrisa y una reflexión sin llegar a ser sensiblera, de lágrima fácil, vamos. Todo un doble, o triple, mortal perfectamente ejecutado. Un film tan necesario, y realista, como el documental La historia de Jan.

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