Sueños. Literatura. Emociones. NY. Salinger. Ingredientes suficientes para una buena historia tejida por Philippe Falardeau, bien rematadas por unas soberbias interpretaciones de Margaret Qualley (Joanna) y Sigourney Weaver (Margaret), las dos mujeres protagonistas de Sueños de una escritora en Nueva York (My Salinger Year).

Margaret, como la inexperta agente literaria con aspiraciones a escritora, que, transgrediendo las normas, contesta a los fans de Salinger llegando a establecer una imaginaria relación con un joven que, metafóricamente, podría ser Holden Caulfield a lo largo de su breve pero emocionalmente intenso deambular por Nueva York.

Sigourney, como la estricta, exitosa y poco convencida de la tecnología agente literaria en Nueva York en plena efervescencia literaria.

El papel masculino más interesante, que no con mayor peso en la historia (éste es el compañero de piso, un joven escritor con el que Joanna tendrá una breve, poco fructífera relación y un tanto trillada) es el de Tim Post. Un JD Salinger que, apenas apareciendo en un escorzo o con la voz, telefónicamente, cierra el triángulo que, junto a Margaret (y el chico de las cartas) encaminarán a la joven Joanna para seguir sus aspiraciones. Y escribir, como bien recomienda J.D. Salinger, al menos quince minutos todos los días.

Otro aliciente para sumergirse en una sala de cine con esta película (a partir de este viernes cuatro de junio) es su ambientación. Un diseño de producción sumamente cuidado, incluyendo las lujosas oficinas del New Yorker (solo con seguir a Joanna entrar en el portal a uno le llega la grandiosidad de esa célebre publicación neoyorkina) o la agencia literaria que lleva la agenda de varios autores best-seller, entre ellos el escurridizo y ermitaño Salinger, o los bares donde jóvenes poetas y novelistas se reúnen, muchos de ellos manteniendo el mismo estilo, el mismo encanto y donde se respira la misma fluidez creativa hoy en día lejos  .

En definitiva, Sueños de una escritora en Nueva York es de obligado visionado a todo amante de las letras, especialmente las obras de J.D. Salinger, muy presentes a lo largo de este autobiográfico film.

@EduVicu

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