40 años han pasado desde que István Szabó tocó el cielo de los cinéfilos con su inolvidable Mephisto, logrando el primer y único Óscar, hasta El hijo de Saúl, para su país, Hungría. Casi medio siglo después, István, nos sorprende con El Médico de Budapest, una crítica al sistema médico, en su vertiente más universal, y por otro lado, al entorno más rural, desde un punto de vista más local.

El Médico de Budapest se centra hábilmente en una cuestión inicial, el problema de la asistencia sanitaria húngara, aunque no veremos nada que no hayamos sufrido por nuestros lares, para rápidamente trasladarnos a zonas más rurales en las que nos enfrentaremos a situaciones cómicas, basadas en el choque cultural a otras más dramáticas.

Así, la película no es tanto una alegoría o parábola político – social, sino más bien una crítica a la sociedad en general, desde aquella que es capaz de arruinar vidas en los entornos más cosmopolitas hasta aquella que es capaz de destrozarlas en ambientes más provincianos. István Szabó es capaz de hacernos sonreír con un demoledor drama mientras nos hace creer que estamos disfrutando de una comedia coral repleta de gagas a la francesa.

Con intención de suavizar la respuesta de la audiencia española, mediante el título en castellano, El último informe, según su traducción directa o Zárójelentés, en húngaro original, István Szabó nos plantea, con su asombroso talento para narrar con su poesía visual, un relato crepuscular que, lejos de aburrirnos, como en un inicio puede parecer, y a sentirnos inútiles, finaliza con una interesante reflexión, deseando que nuestros actos no terminen haciendo más daño del necesario.

Víctor Sancha Ruiznavarro

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