Atmósfera sonora inquietante gracias a un tic tac producido por un reloj de pulsera y el tráfico de fondo; Pilar, la abuela (Vera Valdez, quien nos recuerda a la eterna Terele Pávez,) en una tranquila y céntrica cafetería madrileña fuera de las horas punta; y luego su aparentemente apacible caminar con el traqueteo del bastón.

Así nos introduce Paco Plaza, el ya consagrado maestro del terror, en su nueva película, La Abuela, que Sony estrena en cines hoy, 28 de enero.

Lo siguiente que vemos es a la abuela, yaciendo sobre la alfombra de su hogar, y la aparición de una joven desnuda.

A partir de ahí, Paco Plaza nos narra una historia llena de contrastes y unos personajes que, dentro de la normalidad y apacible familiaridad, no dejan de inquietarnos.

Si en Verónica, la anterior película de Paco Plaza, el trasfondo era la historia real de unas amigas que deciden hacer la ouija en el humilde barrio obrero de Vallecas, aquí es la historia de Susana, la nieta, (Almudena Amor), modelo de profesión, en París, donde se nos desvela brevemente el mundo de la moda entre bastidores, hasta que se ve obligada a volver a Madrid cuando enferma Pilar.

En ese momento, con un acertado juego de luces y risas deformadas hasta parecer siniestras, Paco Plaza nos lleva de la alegría de Susana a su tristeza, inquietud y, poco a poco, al horror de una pesadilla tan inexplicable, pero diferente, como la ouija de Verónica.

Ningún plano, secuencia, gesto o diálogo está demás en este filme del que ya os hablaba Juan Luis en el último vídeo sobre recomendaciones. Cada uno esconde detalles, pistas, como acostumbra a hacer Paco Plaza, que, sin necesidad de diálogos, nos narra cómo va adaptándose la nieta a su nueva vida como cuidadora de su abuela, entre recuerdos y los viejos muebles del antiguo pero elegante piso enfrente del Retiro, alternado entre lo alegre, lo triste, lo tenebroso y lo angustioso.

Como es habitual en este género, los espejos, luces, sombras y efectos sonoros, (más la música), y unas interpretaciones muy meritorias, hacen el resto para terminar de atraparnos y dejarnos casi sin aire hasta el final en el que, inexorable e inquietantemente, la demencia va dando paso a un desesperante, oscuro, ancestral y abismal terror.

@EduVicu

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