«I want to go ahead of Father Time with a scythe of my own.»

H.G. Wells

El determinismo es una doctrina filosófica cuyas teorías orbitan en torno a la ausencia de libertad real en la voluntad humana, promulgando que el curso de los acontecimientos de nuestra existencia viene prefijado por las circunstancias y los diversos condicionantes. La arbitrariedad desaparece de la fórmula que define a la realidad y todos nuestros actos están necesariamente preestablecidos, lo que posibilita el objetivo de predecir con éxito el futuro desde el presente. Y precisamente el determinismo es el leitmotiv de la gran apuesta de Netflix por la ciencia ficción de calidad, una serie muy cuidada en todos sus aspectos y que acaba de regalarnos una brillante segunda temporada que da continuidad a la sorprendente primera.

Dark nació en Alemania, para conquistar el globo tras su estreno en diciembre de 2017.




Las influencias de David Lynch y su Twin Peaks se hacen evidentes en la serie desde su arranque, en el que las desapariciones y el hallazgo de un cadáver infantil son excusas perfectas para profundizar en una caterva de personajes atormentados y con infinidad de oscuros secretos que hunden sus raíces en el pasado. Una galería coral de protagonistas que, por si fuera poco, se nos irán presentando en múltiples versiones según la línea temporal por la que naveguemos. Siempre con el pueblo de Winden y su humeante central nuclear de fondo, incansable en sus tareas de vigilancia y como un personaje más que se convierte en prisión para unos habitantes que jamás escaparán de sus inexpugnables fronteras imaginarias.

Y el espectador correrá la misma suerte: una vez superada la barrera de entrada que supone la intrincada trama de Dark, la obra atrapa sin remisión.

«Where is Mikkel?

When is Mikkel?»

Jantje Friese (escritor) y Barab bo Odar (director) se apresuraron a negar las similitudes que se apuntaban en los medios entre su obra y Stranger Things (uno de los mayores éxitos mundiales de Netlifx) antes del estreno. En primer lugar el guión para su primera temporada ya estaba escrito antes de que la creación de los hermanos Duffer viera la luz, y además Dark se alinea claramente en el bando de la ciencia ficción más pura, trufada de paradojas inherentes al intento de desafiar al Padre Tiempo tan recurrente en la literatura y el cine del género. El terror es secundario, y el enfoque del producto (más maduro, complejo y pesimista) nada tiene que ver con la disfrutable obra localizada en el también ficticio pueblo de Hawkins.

La influencia del desastre nuclear de Chernobyl en las infancias de Friese y Odar se filtra a través de los poros de Dark, dignísima heredera de joyas televisivas alemanas como Hijos del Tercer Reich, Babylon Berlin o Deutschland 83. Una de las mayores (y mejores) sorpresas del género de la ciencia ficción en el último lustro.

@Juanlu_num7

 

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