Para muchos hijos de los 80, la trilogía original de Star Wars fue un acompañante inolvidable durante nuestro crecimiento como personas (o personajes). Mi caso no es una excepción, con la salvedad de que la admiración por el universo surgido de la mente de George Lucas nunca me ha abandonado. El Imperio Contraataca seguramente sea la película que más veces he visto en toda mi vida, y nunca me canso de revisitar aquellas extraordinarias escenas. Su carácter pivotal, su naturaleza de transición, posibilitó aquel final oscuro y deprimente, y ello supuso un elemento mayor de fascinación sobre las otras dos integrantes de aquella gloriosa versión estelar de la eterna lucha entre el bien y el mal. El magnetismo de Vader, ya se sabe…

En los albores del siglo XXI, llegó al fin la posibilidad (quitando las polémicas remasterizaciones de las originales) de ver Star Wars en el cine para toda una generación. Y, aún contando con nuestra adhesión casi incondicional, el desastre de la nueva trilogía dejó un amargo sabor de boca en gran parte de los espectadores, no digamos ya entre los fans de la saga. Era difícil de explicar el que Lucas hubiera desaprovechado de manera tan flagrante la posibilidad de narrar el auge y descenso a los infiernos de Anakin Skywalker, de ahí que el recelo fuera el sentimiento dominante cuando Disney compró los derechos de la franquicia y anunció sus planes de rodar una nueva trilogía.




Escribo este breve artículo tras ver The Force Awakens en el cine, y me atrevo a catalogar a J.J Abrams como el reconstructor del legado que su propio creador mancilló con los episodios I, II y III (en claro carácter descendente). Abrams no viene a revolucionar nada, sino a mostrar el mayor y más escrupuloso de los respetos por la trilogía original. Respeto estructural y estético (“hemos utilizado tecnologías que llevaban décadas sin usarse en el cine”), con guiños constantes y personajes nuevos con carisma y recorrido. Más allá de la vuelta de héroes clásicos, The Force Awakens recupera la epicidad de los inicios de la saga, sus gotas de humor y su carácter artesanal a la hora de insuflar vida a tan particular universo. Y eso, tras observar el carácter imperecedero de unas obras que datan de finales de los años 70-principios de los 80, es un tesoro de valor incalculable. Uno que jamás debió olvidar su ideólogo primigenio.

J.J Abrams en la dirección (y Kathleen Kennedy en la producción) han logrado que los fans de todo el mundo hagamos nuestras las palabras de Harrison Ford. “Estoy orgulloso y agradecido de formar parte de esta nueva película”, decía Han Solo. Nosotros también lo estamos, de su advenimiento.

@Juanlu_num7

 

 

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