Gritar para liberar tensiones y poder debatir o pensar con rigor y sosegadamente el plan a seguir ante situaciones de crisis suele venir muy bien.

Es lo que hacen en Sala de profesores la profesora Carla Nowak (Leonie Benesch) y sus alumnos, entre ellos Oskar Kuhn (Leonard Stettnisch), alumno con altas capacidades intelectuales, pero de familia muy humilde.

El gran conflicto se desata cuando Carla, decidida a poner fin a las injustas acusaciones a los alumnos, elabora un plan por su cuenta para tratar de averiguar quién está detrás de los robos en la escuela.

Parece triunfar, sin embargo es un plan con lagunas legales y que provoca una acusación no muy clara, lo que provoca un creciente aumento de tensión y actos de rebeldía entre estudiantes, demás profesores y padres.

Con cierta similitud a la película danesa Nada por la lucha de jóvenes en tener voz propia y buscar su sitio, Sala de profesores es un thriller que nos presenta varias reflexiones importantes, como la delgada línea entre investigar para intentar atajar graves hechos y la presunción de inocencia de las personas hasta no tener pruebas irrefutables que llevar a los jueces.

Otras de las reflexiones es el eterno debate entre la libertad de prensa y el exceso de juicios mediáticos, aquí reflejado en el periódico escolar a raíz de una entrevista que los alumnos hacen a Carla Nowak; o la decisión entre mantener la disciplina de grupo, para intentar defender el bien común, o romperla para salvarse uno mismo de algo que puede afectar al futuro personal. Esta es la disyuntiva en la que, en un momento del filme con la tensión en su máximo apogeo, se ve uno de los alumnos. Negarse a resolver en la pizarra los ejercicios propuestos el día anterior o salir voluntario para tratar de recuperar nota y evitar suspender.

Si antes decía que me recuerda a Nada, también lo hace, ligeramente, a En busca de Bobby Fisher (otra fundamental película sobre educación y la ambición desmedida) por el testarudo enfrentamiento entre alumno y maestro pero que en el fondo intenta forjar una inquebrantable confianza. Quizá por eso, (aunque puede ser una acertada coincidencia) hay un plano al final del suelo similar a un tablero de ajedrez y otros encuadres similares a los de los protagonistas de En busca de Bobby Fischer, Josh Waitzkin (Max Pomeranc) y  Bruce Pandolfini (Ben Kingsley).

El filme está acertadamente dirigido por Ilker Çatak (firmante del guion junto a Johannes Duncker). Destaca el uso de la cámara cargado de intencionalidad, inculpatoria en algunos momentos y desasosegadamente en otros. Cierra con un trepidante y emotivo final, con miradas, planos, pequeñas acciones y la música ensalzando al héroe, pero a la vez señalando marcadamente a quien alborota y es fuente de una ¿irracional? violencia. Se hace muy necesario su visionado (en cines desde este viernes 2 de febrero) no solo en colegios e institutos, sino en facultades de Derecho, Magisterio y Periodismo.

@EduVicu

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